El caballito de totora -herramienta importante en la pesca artesanal- cuyo uso se remonta a la época de la cultura moche (800 d.C) ha continuado hasta nuestros días con esta función, pero a adicionado a su uso práctico de la pesca el ingrediente de atractivo turístico. Los jóvenes que en nuestros días, lo usan para pescar y también para hacer regatas y algunas veces competencias en los días de las fiestas.

El caballito de totora, testigo y prueba de esta antigüedad nos reafirma su presencia en el innumerable número de piezas arqueológicas tanto Moche como posteriormente Chimú, que reflejaban en sus ceramios los distintos procesos de la pesca. Muchos de estos "huacos" nos expresan leyendas y tradiciones que se montaban alrededor de esta embarcación.

Según estudios de la Doctora María Rostworoski el caballito de totora tuvo una presencia importante en el periodo pre-cerámico, abarcando su uso a una amplia extensión de la costa peruana.


De los orígenes de su nombre podríamos decir que esta embarcación se denomina del principal elemento que la conforma, que es el <Scirpus Reparius> llamado comúnmente "Totora" o "Enea", planta de varas largas y flexibles que crecen en los "wachakes" o lagunas.

El pasar de los años y conforme a la necesidad del pescador de poder realizar su pesca de una manera independiente, trasportar su navío al mar y volver a regresarlo a la arena, sin necesidad de ninguna ayuda adicional, es decir, poder realizar esta labor completamente solo; desencadenó una serie de cambios y adaptaciones en lo que es el "Patacho", embarcación utilizada no solo con fines de pesca, si no también, como un importante medio de trasporte.


El Caballito de Totora de Huanchaco mide actualmente de tres a cuatro metros de largo, cuyo cuerpo está formado por la atadura de los juncos de totora fuertemente prensada y como una característica peculiar de esta zona, este presenta una proa levantada y una popa recortada, en cuyo interior se encuentra calado un espacio donde el pescador ha de colocar sus redes.